POR DOMINGO CABA RAMOS

 

 

 

“ME VOY TAMBORIL…” ( A Jorgelaine Morel ) “No hay martirio más grande que el hondo desconsuelo, de supirar ausente de los paternos lares, y deshojar la rosa negra de los pesares, bajo la indiferencia de otro mar y otro cielo” (NICOLAS GUILLEN) En 1973, el poeta tamborileño Dagoberto López, presionado por las circunstancias, organiza su maleta y decide marcharse hacia la Villa de Manhattan, New York, dejando tras sí, el cielo, el aire y las gentes de la patria chica que lo vio nacer. El inmenso dolor que semejante partida le produce, aparece fielmente expresado en un poema suyo titulado “Me voy Tamboril”, compuesto en junio del antes citado año, días antes de marcharse. Se trata, a mi juicio, de una de las más nostálgicas piezas poéticas escritas en la República durante las últimas cuatro décadas. Y es que nada produce más dolor, tristeza y desaliento que abandonar voluntaria o involuntariamente el suelo patrio donde nacimos. Es entonces cuando aparece ese sentimiento de angustia, ese intimismo romántico y esos recuerdos o evocaciones del paisaje local que poetas de todas las latitudes han sabido plasmar en versos de inconfundible y desgarrador acento melancólico. Es entonces cuando saltan a la luz los más bellos poemas pletóricos de nostalgia y amor por el lar nativo, como los siguientes versos de nuestro inmenso José Joaquín Pérez, considerado como uno de “los primeros altos poetas que tuvieron las letras dominicanas” y “el supremo cantor de las emociones de los desterrados dominicanos”: “Detrás de esas olas dejamos un mundo, de afectos, de goce, de llanto y dolor, y al monstruo de Ganges sorbiendo iracundo, mil vidas de seres que son nuestro amor…” “Me voy Tamboril” parece ser uno de esos poemas. La composición, conviene precisarlo, vale más por el sentido sentimental que encierra que por su valor estético, el cual apenas si se percibe si se lo compara con el que se aprecia en los versos de madurez escritos y publicados posteriormente por el autor en libros como ”En el idioma de tus ojos” (1999), “ Muecas al viento – Alas” (1999 ), “ La palabra como cuerpo del delito” ( 2001) y “Cantos de ámbar” ( 2007 ) Son estos textos, y no sus versos de iniciación, los que consagran como tal al inspirado bardo tamborileño. La susodicha pieza poética, “Me voy Tamboril”, se inicia anunciando con el más dramático y doloroso de los acentos: “Se acerca la hora… me voy Tamboril, y voy a llevarme, las cosas pequeñas de mi vida triste, las que llevo siempre, en lo más profundo, de mis cicatrices” ¿Cuáles son esa cosas que tan aferradas permanecen en el mundo interior del poeta? : ”Tus cortos caminos/ tus tristes andanzas / tu nubosa gente / y su andar despacio / mis palomitas muertas / mi perro Boca Negra / mi gallinita ciega / que nunca pudo ver / la sabanita rota / de mi camita enferma / mis matitas pequeñas / de rosas carolinas” Pero no sólo los tristes recuerdos parecen embriagar el alma atormentada del poeta. En tanto ser irreverente, cuestionador, rebelde, contestatario y poseedor de una fina sensibilidad social, Dagoberto López arrastra o se lleva consigo la angustia y amargura de los demás, incluyendo a sus amigos ya fallecidos. Así lo expresa en líricos y descarnados versos generadores de ronchas y escozor, por cuanto los mismos entrañan una aguda crítica al sistema político – social vigente: “Me voy pueblo mío / Y me llevo en mi alma tantas cosas tristes / mis amigos ya muertos / la anemia innoble que en tu seno vive / el sudor que limpia de los tabaqueros / la miseria incrustada en todo tu aleo / la limosna triste de los indigentes / el rancho apagado y el fogón sin leña” Sin abandonar en ningún momento el tono crítico de su canto, el poeta confiesa que también ocuparán un espacio importante en su mente acongojada las calles inservibles de su Pajiza Aldea: ““tus calles lodosas / paridas y eternas / la Vásquez, la Sánchez / la Duarte y la Mella / la Real descalza / de huecos parida” Y se lleva también, en el cofre de sus recuerdos, las imágenes de los personajes o tipos pintorescos, sin cuya mención o referencia resultaría imposible escribir la verdadera historia de nuestros pueblos: “Me llevo también / tus ansias / y tus risas / al loco Cudemo / a Jampa y manolo / a Piche Pelota / a Carrao y a Trepa / esos son tus locos / Son tus alegrías / los que hoy son tristeza / de mi cruel partida” Y como en el mundo del inconsciente en que habitan estos seres desclasados, nunca faltan aquellos que alardean de sus heroicos protagonismos , el poeta expresa el deseo de que se marchen junto a él dos de los personajes que parecen haber logrado fama en ese aspecto : “ Déjame llevarme a dos aguajeros : / a Niñito Torres / e igualmente a Jero…” En el mundo tormentoso de sus telúricas evocaciones, no podía faltar esa “quietud municipal” a la que antes le había cantado su compueblano y eximio poeta, Tomás Hernández Franco: “Quiero también irme con tus noches quietas / con tus alborotos de lejanas grietas…” Tampoco podía faltar el dinamismo laboral y activismo sociopolítico propios del acendrado espíritu vanguardista que caracterizó a Tamboril en la época de los doce años de gobierno que encabezó Joaquín Balaguer, particularmente durante la década del setenta. Por eso confiesa que igualmente desea marcharse: “…con los estudiantes que rebeldes luchan / con el olor tibio de los panaderos / con el saborear de los cacaeros / con las mariposas y el salchichonero, / con tu pisoteado sindicato obrero / con tus margaritas y tus hijos huérfanos / con tus grandes paros en contra del lobo / con tu respetado sudor de pendejo / con tus maricones, el Pao y Gamelo” Pero no sólo los pálpitos de la vida social de su querido municipio habrán de preñar de dolor y melancolía el alma atribulada del sensible vate que casi inicia su partida. Los elementos que conforman el paisaje natural, alrededor del cual creció y se desarrolló, también aparecen proyectados en la pantalla inapagable de sus recuerdos: “Déjame llevarme todo lo que quiero / tu río sin agua / tu arroyo en el cerro / tus noches sin luna y tus días lluviosos / que tanto bañaron mi cuerpo de niño / con sus aguaceros. /Me llevo en fin / pueblo / tus tupidos montes...” Y cual viajero que desde la escalinata del avión envía su último adiós al ser querido que yace en tierra, el poeta concluye su lírico canto con un grito casi desesperado: “Me voy Tamboril. /Me voy / pero vuelvo…” Y aunque no de forma definitiva volvió. Cada cierto tiempo Dagoberto López regresa a su país, a su pueblo. Para dormir en su “camita enferma”, arroparse con su “sabanita rota”, echarle maíz a su “gallinita ciega”, acariciar a su “perro Boca Negra” y mojar sus “matitas pequeñas” de “rosas carolinas”. Y al poner pies en tierras dominicanas quizás no cese de repetir los románticos versos ( “La vuelta al hogar” ) escritos por José Joaquín Pérez en el buque que lo reintegraba a la patria ( 1874 ), luego de permanecer seis años de ausencia en Venezuela, desterrado por orden del presidente y dictador Buenaventura Báez : “¡Mi dulce Ozama! Tu bardo amante / a tus riberas torna a cantar / y tras él deja, por ti anhelante / lejanos climas y humilde historia / tierna memoria / del peregrino vuelta al hogar...” DAGOBERTO LOPEZ, ¿QUIEN ES? Sencillamente, como ya fue expresado antes, el autor de “Me voy Tamboril” es un ser altamente irreverente, polémico, contestatario y eterno cuestionador de sistema establecido. Sinceramente, un digno hijo de Tamboril que un día cualquiera se vio obligado a emigrar a otro país esperando encontrar allí el bienestar que el suyo le negaba. Un poeta de fino estro y provisto de plena conciencia del arte de poetizar o de su quehacer escritural. Un cultor de la palabra artística que como Pablo Neruda ha entendido que “La poesía también es un oficio” Un consagrado gestor cultural y activo representante de la diáspora dominicana en Nueva York. Un poeta sin el título del blasonero, pero con la cultura literaria general y literaria del letrado. Un tamborileño, que al llegar a Manhattan, en lugar de preguntar cómo realizar turbios negocios que lo enriquecieran económicamente, prefirió investigar dónde encontrar libros edificantes que lo nutrieran espiritualmente. Por eso a los pocos días de su arribo a los Estados Unidos, se incorporó al trabajo cutural, comunal y político. Allí ha sido miembro activo de numerosas agrupaciones culturales y publicado varios libros y opúsculos de poesías. Entre estos : “ Poemas de islas ( 1982 ), “Brillín” ( 1986 ), “Guardatorio a mi vieja Pajiza” (1984 ), “Autodeterminación” ( 1984 ) “ Cuatro coños repetidos alumbran siembre el camino” ( 1985) , “Elegía sangrante” (1992 ), “ Tamboril – Fotografía familiar” (1996),”En el idioma de tus ojos” (1999), “ Muecas al viento – Alas” (1999 ), “ La palabra como cuerpo del delito” (Coautor- 2001) “Cantos de ámbar” ( 2007 ) En 1976 obtuvo el primer lugar en el concurso literario América Rota, organizado por el Centro de Poesía Latinoamericana de New York. En 1982 ganó el primer y tercer lugar en el IV concurso de ASEUTAM, en su pueblo natal, Tamboril. En el 2000 ganó el concurso literario organizado por la Revista Libre, E.U. Dagoberto López es, además, miembro fundador del grupo Palabra: Expresión Cultural (PEC), el cual tiene como tarea principal difundir o promover la cultura dominicana en los Estados Unidos.
Notas para la historia de Tamboril. - (Con motivo del 109 aniversario de su fundación)

- Cuarta y última parte -

7. PERSONALIDADES DESTACADAS.

Tamboril es una comunidad relativamente pequeña, pero indiscutiblemente bastante emprendedora. En ella nos encontramos con hombres y mujeres que han contribuido significativamente al desarrollo educativo, científico, económico, artístico, deportivo y cultural de nuestra sociedad. Son muchos los hijos de esta tierra que han incursionado en el campo de las artes, las letras, las ciencias, el comercio y otras áreas de la vida nacional. A saber:

EN LA POLITICA - 1) Federico Velásquez y Hernández (1867 – 1934) - Nativo de Guazumal, Tamboril. Médico, profesor universitario ex vicepresidente de la República y uno de los políticos y funcionarios públicos más honestos que ha dado el país.
EN LAS LETRAS Y EN LAS ARTES - Tomás Hernández Franco ( 1904 – 1952 ) – Miembros de los Independientes del 40. Poeta, periodista, cuentista, ensayista, diplomático y autor de una de las obras cumbres de la literatura dominicana : el poema Yelidá ; Dagoberto López - Escritor, destacado poeta y gestor cultural) ; Aurelio Rosario - Poeta y escritor ; Johan Rosario - Escritor, periodista y narrador ; Anastasio Jiménez (Tatán) – Abogado, escritor , poeta y ensayista ; Elsa Brito de Domínguez - Maestra y poetisa ; Tony Capellán - Pintor ; José Mercader - caricaturista y escritor ; Héctor J. Cruz - periodista e historiador deportivo ; Frank Marino Hernández Ensayista ; Vickiana - Cantante ; Zacarías Ferreiras Cantante ; Quico Rodríguez -Cantante ; Usaíno Germosén - Famoso clarinetista, director de bandas musicales y profesor de generaciones de músicos tanto en Moca como en Tamboril; Tomás Hernández Tolentino – poeta. Muerto a destiempo en un accidente de tránsito. Era hijo de Tomás Hernández. Franco.

De ascendencia tamborileña son igualmente los escritores Luís Córdoba y Enegildo Peña. El primero es cuentista, gestor cultural , miembro de Casa de Arte y la Alianza Cibaeña. El segundo es Subsecretario de Estado de Cultura con asiento en Santiago, poeta, ensayista, miembro de Casa de Arte y uno de los gestores culturales más activos de esta ciudad.


EN LAS CIENCIAS - José de Jesús Jiménez Amonte.- (1905 – 1982) – Nativo de Guazumal, Tamboril.Científico naturalista, médico, botánico, taxonomista e investigador incansable. El 1952 publicó su primer libro de Botánica; Eugenio de Js. Marcano (Jeno) – Nació en Licey Arriba, Tamboril (1924). Profesor investigador, botánico y entomólogo, está considerado como uno de los más preclaros científicos naturalistas de República Dominicana. Murió en el 2003.

EN EDUCACION – En esta área merecen citarse, entre otros ilustres maestros, a Sergio Hernández.- Consagrado educador nativo de Guazumal, en 1907 se convirtió en el primer maestro graduado de Tamboril. Tuvo la osadía de izar la bandera a media asta en señal de duelo por la muerte de Andrés Perozo, llevada a cabo por la dictadura trujillista; Elsa Brito – Poetisa, maestra y gestora cultural. Don Juan Collado y su esposa doña Fresdevinda ( doña Fredé ) de Collado ; .Fausto Germosén , Mercedes Rodríguez ( doña Mercedita ), maestros de múltiples generaciones de estudiantes; Alfonso Lantigua ( El maestro Alfonso ) – Nativo de Cancha La Reina, Moca, estableció residencia ( final de 1920 ) en la comunidad de Carlos Díaz, Tamboril, en donde se convirtió en un verdadero orientador y líder comunitario. Agricultor, además de maestro, nunca cobró un centavo por las clases que impartía; Ligia y Delfia de la Rosa, consideradas como primeras maestras graduadas nativas de Tamboril.

COMUNICADORES SOCIALES - Es bastante significativa la cantidad de periodistas nativos de este municipio, la mayoría de los cuales se ha destacado en el ejercicio de su profesión. Entre estos conviene mencionar a Luís Céspedes Peña, Perfecto Martínez, Juan Bonilla, Héctor J. Cruz , Isabel Guzmán, Frank Reyes, Nicolás Santos, Arturo Taveras y Andrés Bonilla, Johan Rosario, Carmen Rosario y Magdaleno Bonilla. En la otrora Radio Tamboril se desarrollaron un grupo de locutores que nacieron y/o residieron en Tamboril : Cheíta de León, Eleno Estrella, Chiche López, Donaldo Izquierdo, Ramón Cruz Porte, Robert Cabrera y Arismendis Martínez ( Aris ), bastante recordado por la singular emoción que le imprimía a su ejercicio y por su famoso programa “ EL ALBUM DE LA UNA”

EN EL ÁREA INDUSTRIAL Y/O COMERCIAL - En este renglón vale citar nombres de comerciantes e industriales tamborileños que han fundado empresas líderes en su rama como el señor Bolívar Reinoso, conocido por su larga trayectoria en el procesamiento de pastas alimenticias y haber fundado el Grupo Princesa ; Rafael Caraballo ( Baby ), presidente fundador de la empresa Negociado de Vehículos ( NEVESA ) y Fernando Aníbal Capellán, presidente del Grupo M, consorcio textilero que, por la cantidad de empresas que lo conforman y los miles de trabajadores que en el mismo laboran, convierte a su presidente – fundador en el mayor empleador no sólo de la Región del Cibao, sino también del país.

De Tamboril son también monseñor Juan Antonio Flores Santana, Ing. Domingo Rodríguez, profesor universitario, destacado ecologista y actual Director Regional de Medio Ambiente; arquitecto Rafael Tomás Hernández Ramos ; doctor Armando Martínez ( Ico ), quien supo ejercer su profesión de médico armado de un auténtico sentimiento hipocrático e inusual espíritu filantrópico; el doctor Guillermo Santana, reputado ginecólogo nativo de Guazumal, y quien obstante residir en Santo Domingo, su buena voluntad siempre se pone de manifiesto en el levantamiento de cuantas obras contribuyan a impulsar el desarrollo social y material del pueblo que lo vio nacer y crecer.

Oriundo de Tamboril (Carlos Díaz) es la familia Estrella Sadhalá, famosa por su lucha vertical en contra de la dictadura de Trujillo, y descendiente del general Piro Estrella, a quien la historia le atribuye haber dado, en Los Amaceyes, el primer grito de rebeldía contra la tiranía trujillista, en 1930, simultáneamente con el grito de guerra emitido en la loma del Mogote, provincia Espaillat, por el bravo general mocano, Cipriano Bencosme.
Conviene señalar que en esta población vivió y murió el presidente y general mocano Horacio Vásquez, junto a su distinguida esposa, doña Trina de Moya, nativa de La Vega y autora del Himno a las madres. Uno y otro yacen sepultados en la iglesia San Rafael, de este municipio.

8. CULTURA, COSTUMBRES Y TRADICIONES.

Tamboril es un pueblo decididamente apegado a sus valores tradicionales. Manifestaciones folklóricas ya extinguidas en otras zonas de la República, aquí se preservan y cultivan con inusitado entusiasmo. Entre estas merecen citarse las famosas retretas dominicales, a cargo de la banda de música, hoy lamentablemente un tanto en vía de extinción; el famoso palo encebado y el juego de las corridas de sacos; se toca y baila la música de palos hasta en bares y discotecas, como si se tratara de un baile normal, hecho que ha contribuido grandemente a la difusión aquí de este contagioso ritmo. Sus fiestas patronales, dedicadas a San Rafael, son de las más alegres y concurridas de la Región, por cuanto a las mismas se dan cita habitantes de todos los pueblos circunvecinos Para elegir la reina de estas fiestas rige un procedimiento bastante original y no menos motivador: la que haya alcanzado el más alto índice académico entre las alumnas de los diferentes centros educativos del municipio, será proclamada reina... El mismo criterio se emplea para la elección del resto de la corte

Uno de los rasgos que más distingue a los habitantes del municipio de Tamboril es el acendrado amor que estos sienten por su pueblo. Quizás no exista otra zona del país cuyos moradores muestren mayor cariño o defiendan con tanto ardor el lar donde nacieron. Tal sentimiento aparece fiel expresado en la famosa declaración del poeta Hernández Franco: « Yo fui tamborileño en París, en York, en Centroamérica y en Santiago…»

Merced a ese amor los tamborileños radicados en Nueva York se reúnen todos los domingos en el Centro Comunal “Tamboril”, ubicado en Manhatan, a intercambiar impresiones, compartir recuerdos y proporcionarse ese calor humano que necesita todo aquel que se encuentra lejos de su patria chica. Y merced a ese amor esos mismos tamborileños regresan a su pueblo en octubre de cada año a celebrar con sus amigos y parientes las fiestas patronales, participando en competencias deportivas, actos de reconocimientos a munícipes destacados y en otras importantes actividades.

25 de Junio, 2009

 

EL PARQUE DE TAMBORIL, AYER Y HOY.

El parque de Tamboril honra el nombre de doña Trina de Moya, autora de las letras del “Himno a las madres” y esposa del ex presidente Horacio Vásquez.

Dicho parque cubrió todo una época de ensueños, romanticismo, armonía y sana convivencia municipal.

Una época en la que la familia tamborileña se concentraba allí, tarde y noche, especialmente los fines de semana, para airearse con la fresca brisa que se desprendía de la copa de los árboles, o deleitarse con los acordes ejecutados por la banda de música, brillantemente dirigida por el maestro Usaíno Germosén, en las entonces famosas y hoy desafortunadamente desaparecidas retretas dominicales.

Una época en la que parejas de jóvenes enamorados, con sus manos entrelazadas, se sentaban en los bancos del parque a intercambiar las más sugerentes, amorosas y románticas de las miradas, o procedían a darle a este vueltas y vueltas que en ocasiones parecían interminables.

Hoy, el parque de Tamboril ya no es el mismo. Su esencia recreativo – familiar hace tiempo se perdió. La globalización y la posmodernidad arrasaron con ella.

Aunque todavía se le sigue llamando parque, ya el mismo es otra cosa, y, en tal virtud, bien podría llamársele: “Tierra de nadie”, “Zona”, “Zona de peligro”, “Área sin control”, etc. Y en virtud de eso, ya no es lógico y sensato seguir identificándolo como "el parque de Tamboril", sino como el parque del grupito de desampresivos que dentro y alrededor del mismo hacen y deshacen

Se trata, el de Tamboril, de un parque concebido y por mucho tiempo utilizado para el sano esparcimiento; pero en donde hoy se oye de todo, se ve de todo, se hace de todo, se consume de todo y se acepta todo, especialmente después de la media noche.

Un lugar a quien los padres y madres temen visitar y llevar sus niños, por cuanto ya le perdieron la confianza o no lo creen seguro.

Un lugar donde un grupito de jóvenes y no tan jóvenes, posiblemente desprovistos de materia gris en sus cerebros, apuesta a quién despierta primero a los enfermos que en cama yacen internos en la clínica ubica frente a frente al parque. O quién logra demostrar que cuenta en su vehículo con el radio de volumen más fuerte, capaz de impedirle a la aldea conciliar el sueño o quedarse dormida " bajo un cielo de plata", como en épocas pasadas ocurría, al decir de su ilustre poeta Hernández Franco.

Un lugar que no ha podido ser sometido al orden por la Policía Nacional, institución compuesta todavía por criminales, matones y asesinos, que, en lugar de resolver la anarquía reinante dentro y fuera del parque de Tamboril, lo único que ha hecho es arrancarles las vidas a los mejores hombres de este dinámico y trabajador municipio, como es el caso de la muerte reciente y bestial, ejecutada por miembros del equipo swat de dicho organismo, en contra del empresario y digno ciudadano tamborileño, Vinicio Espaillat Germosén.

Pienso que todavía las autoridades de Tamboril cuentan con tiempos suficientes para rescatar la imagen pública del parque Trina de Moya. Pues de lo contrario, podría ser demasiado tarde. Y es entonces cuando necesariamente tendrán que hacer lo mismo que en el barrio La Joya, en Santiago: amurallar su histórico espacio recreativo, el Parque Valerio, para controlar la entrada a este y evitar las inconductas llevadas a cabo por antisociales, chulos, rameras y drogadictos.

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12 de Agosto, 2009



Al maestro sin cariño. (A mis hermanos Pedro, Gernalda y Basilio Caba Ramos )

Mañana martes, se celebrará en nuestro país el “Día del maestro”. El día del ser que ejerce el más noble y digno de los oficios del universo. Mañana no habrá gran despliegue publicitario, como ocurre con el “ Día de las secretarias”, por ejemplo, ni se escribirán enjundiosos editoriales o espectaculares reportajes exaltando el trabajo de este abnegado servidor.

Y es que no obstante la importancia de la labor que realiza, al maestro casi nadie lo incentiva, motiva o reconoce su trabajo. Nadie parece entender que sólo él es capaz de borrar las tinieblas de la ignorancia y abrir las puertas del conocimiento. Al contrario, como recompensa a la labor que realiza, el maestro dominicano, extrañamente, lo único que recibe es crítica e interesados cuestionamientos, realidad que lo convierte en el gran vilipendiado. Como bien se registra en las letras de la canción:

“El cura cree que es ateo / y el alcalde comunista / y el cabo jefe de puesto/ dice que es un anarquista…”

Todo el mundo sólo le pide, pero casi nadie le da, empezando por quien más debiera concederle : el Estado Dominicano.

Seguros estamos que tan adversa actitud se debe al comportamiento inadecuado de algunos profesores que no han sabido comportarse a la altura de su investidura, pero que por la ausencia de un científico procedimiento de supervisión docente se mantienen activos dentro del sistema educativo.
Un sistema injusto, sectario, politizado y altamente contaminado ideológicamente. Un sistema que muy poco ha hecho para premiar y retener a sus mejores talentos, y que no ha sido capaz de establecer categorizaciones importantes técnicamente estructuradas en virtud de las competencias y desempeño de cada quien, evitando así que todos los educadores sean “medidos con la misma vara” o valorados de la misma forma.
Un sistema, en fin, al cual muy pocas veces se refieren quienes de manera impresionista critican despiadadamente la gestión del maestro, tratando de presentarlo como único culpable de la mala calidad de la enseñanza y demás fallas vigentes en la escuela dominicana.

Para ese maestro sin cariño, que en medio de tan desmotivador y adverso panorama laboral es capaz de ejercer con dedicación o empeño el delicado oficio que la sociedad puso en sus manos, vayan nuestro más sentido y sincero reconocimiento.

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29 de Junio, 2009

JOHAN ROSARIO

El mundo de las letras y la comunicación social siempre han sido su mundo. Un mundo en el que se involucró a muy temprana edad, o cuando aún no había cruzado las fronteras de la pubertad.

Le faltaban pocos ciclos para terminar la carrera de Comunicación Social cuando decidió subirse en el avión para integrarse a la lista de los miles de exiliados económicos que residen en Nueva York. Pensé que esa inserción en la siempre tentadora sociedad norteamericana marcaría el final de sus inclinaciones literarias y prácticas escriturales. Pero, afortunadamente, no sucedió así.

Si la memoria no me traiciona, creo que fue en 1999 cuando lo conocí e intercambiamos palabras por primera vez.

Con singular respeto e inigualable cortesía, una tarde cualquiera del antes citado año se acercó a mí un jovencito de unos quince o dieciséis años de edad, piel morena, reducida estatura y con los rasgos de la adolescencia plasmados en su rostro mulato. Me buscaba para entregarme un ejemplar de la hoy desaparecida revista “El Tamborileño”, medio informativo del cual él era uno de sus fundadores y redactores principales.

Quizás por haber yo impartido clases durante muchos años en los dos liceos (nocturno y matutino) del pueblo, él me conocía mucho más de lo que me imaginaba. De ahí que en ese primer contacto, me tratara con la misma familiaridad, respeto y afecto del alumno que se encuentra de repente con su antiguo maestro.

Tan pronto me vio, se identificó y acto seguido procedió a poner en mis manos el susodicho órgano informativo. Pero no se crea que todo terminó ahí. El “mozuelo imberbe”, como diría un extinto escritor y crítico literario dominicano, no desperdició tiempo y palabras, y de inmediato me habló de los más diversos temas.

De entrada me confesó que leía y disfrutaba mucho mis artículos, que lamentaba no haber sido mi alumno, aunque esperaba serlo algún día en la universidad. Me habló de sus estudios, de sus inquietudes literarias, de sus lecturas, libros y autores favoritos. Me expresó su parecer acerca de la prensa dominicana, mostrando especial admiración por el periódico El Nacional y su director, Radhamés Gómez Pepín. Me informó que ocasionalmente publicaba artículos en los periódicos “La Información” y “El Siglo” Y me habló sobre sus intenciones de estudiar periodismo tan pronto se graduara de bachiller.

Ciertamente me sorprendieron sobremanera la precocidad intelectual, temprano accionar cultural y preocupaciones literarias del inquieto chico que tenía enfrente, en un medio, el dominicano, donde el libro y la lectura parecen ser enemigos irreconciliables de jóvenes y adolescentes. Y fue entonces cuando dije para mí:

“Si este jovencito mantiene vivas esas inquietudes, es posible que en el futuro, además de un gran periodista, se convierta en un excelente escritor”

Después de ese primer encuentro, creo que intercambiamos ideas no más de tres veces. No lo volví a ver más. Cuando pregunté las razones, me informaron que se había marchado (2002) junto a sus padres para los Estados Unidos.

“ Hasta aquí llegaron sus inquietudes intelectuales y vocación literaria” – afirmé casi en forma automática, convencido de que en Nueva York, por lo que allí he visto y se me ha dicho, el tiempo apenas alcanza para trabajar y producir dinero. Que ni siquiera para escribir una carta a un amigo o familiar sobra tiempo. Y que cuando de muy jóvenes se trata, la mente sólo está presta para la lujuria, la ostentación y el goce desenfrenado.

“Muy pronto lo veré – continué mi monólogo interior - con su garganta bordeada de lujosas cadenas, desplazándose, en estado de embriaguez, por las calles polvorientas de su Pajiza Aldea , en un moderno carro con radio a todo volumen, sonando la última bachata”

Agraciadamente me equivoqué, y no me arrepiento de que así haya ocurrido.

En Nueva York no sólo continuó la labor periodística iniciada en su país, sino que incursionó en el fabuloso y siempre complejo ámbito de la creación literaria. Merced a esa artística iniciativa, tres años después de llegar a esta ciudad, pública el libro de cuentos “Retos de corazón” (2005), su primera obra, la cual tuvo una inesperada y muy buena acogida.

Al año siguiente (2006) funda la “Revista Latina”, órgano impreso que circulaba mensualmente en tres de los principales estados norteamericanos. En Supercanal Caribe produce un espacio semanal llamado “La Hora Latina”, generador de gran impacto en la comunidad hispana establecida en los Estados Unidos. Con ese mismo nombre publica también en la red de internet un blog informativo (www.lahoralatina.blogspot.com ) muy seguido o visitado por lectores residentes dentro y fuera de nuestro país.

Debido a su estelar ejercicio periodístico y defensa constante de los mejores intereses de la comunidad hispana radicada en Nueva York, fue reconocido en abril del presente año, por la Alcaldía de esta ciudad y el Concejo Municipal, conjuntamente con la Seccional del Colegio Dominicano de Periodistas e ( CDP ) en esta imperial demarcación, como “ ELMEJOR PERIODISTA DOMINICANO DEL 2008” establecido en esta urbe. Tres meses después puso en circulación aquí su segundo libro de cuentos, “Amores que matan”, el cual también verá la luz en su pueblo, Tamboril, el jueves 22 de octubre del año en curso.

Pero no sólo eso.

El escritor y periodista que nos ocupa será objeto de otro importante reconocimiento en la ciudad de Nueva York por el éxito alcanzado por su programa “La Hora Latina” Recibirá la distinción otorgada por los prestigiosos “Premios Estrellas”, ideados con el propósito de reconocer la labor de las figuras que en los Estados Unidos se han destacado en el mundo del arte y el espectáculo.

Tan preciado galardón lo recibirá en un solemne acto en el que también serán reconocidos, entre otras personalidades, el empresario Ramón Gómez Díaz y nuestro Rey del merengue, Joseíto Mateo.

Para orgullo de él y del pueblo que lo vio nacer, esa distinción será recibida por el otrora “mozuelo imberbe” al que hasta ahora me he referido, vale decir, por el mismo mulatico aquel con cara de niño, redactor y distribuidor de la Revista “El Tamborileño”, nacido un día 24 de enero de 1982 en el popular barrio “Los Fritíos” del municipio de Tamboril, Repúblicas Dominicana, y que hoy todos conocemos con el nombre de Johan Rosario.

Admito y reitero que me equivoqué.

Las inquietudes periodísticas y literarias de Johan Rosario no sólo han permanecido encendidas como en sus años de adolescencia, sino que las mismas han generado sus frutos, como ya lo hemos visto, logrando en sólo siete años de residencia en la llamada “Ciudad de los Rascacielos” conquistar un espacio, establecer un nombre y lograr unas metas que otros con más tiempo allí no han podido alcanzar.

Con su permanencia en el mundo de las letras, Johan no hizo más que seguir el buen ejemplo de otros compueblanos suyo, tales como Aurelio Rosario, Anastasio Jiménez ( Tatán ), Ramón Martínez ( Martín ) y el destacado poeta Dagoberto López, los cuales, al llegar a Nueva York prefirieron mantenerse activos en el quehacer cultural, preservando así sus hábitos intelectuales y prácticas lectoras y/o escriturales, en lugar de arrastrarse en el polvo inmundo de ilícitas negociaciones. Ellos, lo mismo que Johan, trabajan fuertemente en los Estados Unidos para poder sobrevivir, pero reservan espacios para leer o escribir un libro, componer un poema, asistir a una tertulia, encuentro o acto cultural y redactar un enjundioso reportaje periodístico.

Felicidades a Johan Rosario. Pienso que su esfuerzo ha valido la pena. Y eso a todos debe regocijarnos. Porque cada premio y éxito suyo, se convierte en el premio y éxito de todos los dominicanos; pero muy especialmente, en el premio y éxito de todos los tamborileños que siguen y valoran su trabajo.

Esperamos que este joven narrador e inquieto comunicador nativo de Tamboril, no desmaye en el logro de sus metas literarias , y continúe, mediante el uso de la palabra , construyendo mundos imaginarios o poniéndonos en contacto con el mundo real a través de sus acuciosos reportes periodísticos.

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21 de Octubre, 2009

 

TOMAS HERNANDEZ FRANCO: UN ILUSTRE DESCONOCIDO

 

Don Héctor Inchaustegui Cabral (1912 - 1978), en el prólogo al libro “La Poesía Dominicana en el Siglo XX” (1975, Tomo I), del poeta y crítico chileno Alberto Baeza Flores (1914), escribe lo siguiente: “La Literatura Dominicana no ha tenido las proyecciones que a uno se le antoja que merece. Quiero decir: las obras de los autores dominicanos no han logrado la circulación que haría hincharse de orgullo nuestros pechos” (P. VIII). Y al explicar los motivos que generan tal indiferencia, don Héctor señala de manera enfática que “Aquí nadie se ocupa de nadie que se haya muerto y si hay excepciones, son muy escasas: libro editado por escritor desaparecido, libro enterrado con su autor” (P. IX).

Las palabras de Inchaustegui Cabral cobran fuerza y validez a la luz de innúmeros ejemplos extraídos de nuestra historia literaria. El más vivo de ellos lo constituye el anonimato en que yace sepultado el nombre de eximio poeta y escritor tamborileño Tomás Hernández Franco (1904 - 1952), quien no obstante ser uno de los máximos exponentes de la poesía dominicana y una de las figuras representativas de la literatura hispanoamericana, su obra, por no haber “logrado la circulación que haría hincharse de orgullo nuestros pechos”, resulta desconocida en el ambiente cultural dominicano, y por esa razón hoy su nombre es ignorado casi de manera total hasta en el mismo pueblo que lo vio nacer. En sintonía con esta idea debemos decir, sin temor a errar, que de la producción literaria de Tomás Hernández Franco apenas si se conoce su obra maestra: el poema YELIDA (1942). De las demás composiciones, por no decir nada, es muy poco lo que se sabe.

Tomás Rafael Hernández Franco. Poeta, cuentista, ensayista, orador, periodista y diplomático. De temperamento bohemio y espíritu aventurero, nació en el municipio de Tamboril, en la provincia de Santiago de los Caballeros, el 29 de abril de 1904 y murió en la ciudad de Santo Domingo el día 1 de septiembre de 1952. Fueron sus padres el comerciante don Rafael Hernández Almánzar y doña Dolores Franco Bidó. Cursó los estudios básicos en su pueblo natal y en Santiago y de aquí viajó a Europa a estudiar Derecho en la mundialmente famosa Universidad de la Sorbona de París, Francia, carrera que pronto hubo de abandonar para dedicarse por completo al estudio y cultivo de las letras.

En el Viejo Continente Hernández Franco logró forjarse una sólida formación cultural y literaria. Allí mantuvo estrecha ligazón con intelectuales latinoamericanos y europeos, conoció la poesía francesa, la poesía modernista, las corrientes de vanguardia vigentes en la época (Cubismo, Futurismo, Dadaísmo, etc.) y publicó muchas de sus obras.

Sobre su permanencia en el mundo parisiense el crítico literario Pedro René Contín Aybar nos presenta un informe bastante resumido al sostener que “tuvo una vida accidentada, multiforme, aventurera y muy pocos instantes de resposo. Vivió en Europa, casi siempre en París, donde además de estudiante, poeta, bohemio, conferenciante, adinerado, en la pobreza, feliz, angustiado, batallador fue hasta... ¡boxeador!” (In Memoriam)Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 118, septiembre 1952).

Residió en Francia hasta 1929, año en que tuvo que regresar al país con motivo de la muerte de su señora madre.

Contrajo nupcias en dos oportunidades. La primera unión, de la cual no nacieron hijos, se llevó a cabo con la joven Thelma Hernández. Luego se divorció y se casó nuevamente con la distinguida dama doña Amparo Tolentino, hija del escritor Vicente Tolentino Rojas, logrando procrear dos hijos: Tomás y Rafael Luciano, ambos herederos fieles de la vocación poética de su padre. El primero de ellos, Tomás Hernández Tolentino, publicó en 1960 un libro de versos intitulado “Poemas de mi otro Yo”, y por la gran calidad que se advierte en muchas de sus composiciones estamos seguros de que su autor, de no haber sido por su muerte a destiempo, hubiera brillado con luz propia en el exigente horizonte poético dominicano.

Fuera del matrimonio Hernández Franco procreó dos hijos: Norma Guareño y Salvador.

La vida de este” genial inspirado”, como lo llamó Máximo Lovatón Pittaluga, giró alrededor de tres actividades fundamentales: el periodismo, la política y la literatura.

Su labor periodística se inicia antes de los 15 años en el diario La Información, órgano en el que aparte de redactor, tanto en Santiago como en París, llegó a compartir su dirección con los entonces jóvenes escritores Rafael César Tolentino y Joaquín Balaguer.


Colaboró igualmente en el desaparecido diario La Nación y formó parte del Consejo de dirección de los Cuadernos Dominicanos de Cultura, revistas literarias publicadas a partir de 1943 y en las cuales colaboraban los más connotados intelectuales de la época.

Hernández Franco tuvo una destacada participación en la vida política de la nación.

Tan pronto regresó de Europa desarrolló una intensa campaña de prensa desde la tribuna del periódico La Información contra el gobierno del presidente y general Horacio Vásquez, y aliado a Rafael Estrella Ureña, se integró de manera militante al movimiento cívico del 23 de febrero de 1930 que puso fin al ejercicio presidencial del político mocano.

En la administración pública y en el servicio diplomático desempeñó con probidad y competencia numerosas funciones oficiales. Fue Subsecretario de Estado, Diputado al Congreso Nacional por la provincia de Santiago, Oficial Mayor de la Secretaría de Agricultura, Cónsul en Amberes, Enviado Extraordinario y Ministro Pleniponteciario en Haití, Encargado de negocios en Cuba, Secretario de la Legación Dominicana en Puerto Príncipe, La Habana y San Salvador. También cumplió funciones consulares en Francia, Bélgica y otras naciones europeas. Además representó a la República Dominicana en varias conferencias internacionales. Mientras participaba en una de ellas, en la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en Bogotá, Colombia, en 1943, le correspondió defender con las armas en las manos las más nobles causas enarboladas por el movimiento popular de carácter conspirativo que la historia americana registra con el nombre de EL BOGOTAZO.

No obstante haber desempeñado todos estos cargos, Tomás Hernández Franco murió en medio de la más absoluta pobreza.

LABOR LITERARIA

En la vida y trayectoria de Tomás Hernández Franco resalta sobremanera no sólo su gran talento y fértil imaginación sino también su impresionante precocidad intelectual. Bachiller a los 16 años, ya a los 14 lo encontramos escribiendo sobre literatura y arte vanguardista en las páginas del periódico La Información.

En 1921 publica sus dos primeros libros: “Rezos bohemios” y “Capitulario”, después de haber leído, al decir de Pierre Loiselet, a Rubén Darío, Leopoldo Lugones, José Herrera Reissig y José Santos Chocano, de quienes probablemente recibió la influencia modernista que se percibe en todos sus libros de iniciación.

Aunque escribió cuentos y ensayos, Hernández Franco fue antes que todo poeta. Entre sus mejores cuentos se destacan “El asalto de los generales” y “Anselma y Malena” El primero de ellos, vale aclarar, fue seleccionado por la Yale University, en los Estados Unidos, para ser incluido en una antología de cuentos españoles e hispanoamericanos destinada a los estudiantes norteamericanos que tomaban los cursos lingüísticos que se impartían en esa prestigiosa institución docente.

Dio a conocer dos libros de cuentos: “El hombre que había perdido su eje” (París, 1925) y “Cibao” Esta obra, de la cual forman parte los dos cuentos mencionados en el párrafo anterior, fue editada en nuestro país en noviembre de 1951. Se trata del último libro de Tomás Hernández Franco.

En París dictó una conferencia en Francés, cuando apenas tenía 19 años, con el título de “La Poesía en la República Dominicana” Esta conferencia, leída en la Universidad de la Soborna, fue luego publicada en forma de libro en la misma capital francesa.

Otros de sus ensayos fueron “La más bella revolución de América” (Amberes, 1930) y “Apuntes sobre poesía negra y popular en las Antillas” (El Salvador, 1942).

Como ya dijimos antes, Hernández Franco descolló en la poesía. Entre sus obras poéticas merecen citarse “Rezos bohemios” (Santiago, 1921); “De amor, inquietud, cansancio” (París, 1923); “Canciones del litoral alegre” (Ciudad Trujillo, 1936) y “Yelidá”, su obra cumbre, escrita y publicada en El Salvador en 1942, cuando su autor se desempeñaba como Secretario de la Legación Dominicana en aquel país centroamericano.

Junto a los destacados poetas Héctor Inchaustegui Cabral, Pedro Mir y Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco formó parte de los llamados Independientes del 40.

En junio de 1952 compuso en Tamboril “En esta alta cuesta de la noche”, su último poema, en el cual parece presentir y anunciar la muerte que tres meses después lo sorprendería en su lecho de enfermo del Hospital Salvador B. Gautier, triste hecho acaecido la noche del 1 de septiembre de 1952.

Además de artista literario, Hernández Franco sentía una extraordinaria afición por los deportes. Su pensamiento deportivo aparece magistralmente expresado en “El Sport, su historia, su simbolismo, su filosofía y su influencia moral y material en la civilización”, título de la conferencia leída por el propio autor en el teatro “APOLO” de Tamboril, la noche del 27 de octubre de 1931 en provecho del tem de beisbol “SENADORES” de este municipio. En esa disertación, cuyo propósito central estuvo dirigido a poner de manifiesto los estrechos vínculos que unen al arte con el deporte, el bardo tamborileño supo plasmar al mismo tiempo todo el amor que siempre sintió por su “PAJIZA ALDEA”, afectiva y poética denominación que solía usar para referirse a su pueblo Tamboril.

¡Pero no sólo eso!

Hernández Franco fue también promotor de boxeo en Santiago y cuando estudiaba en París se coronó campeón amateur de boxeo universitario al noquear o derrotar a un estudiante alemán que ostentaba tan importante galardón.

El mismo día , o en los días próximos a su muerte, fueron muchas las voces que se levantaron para lamentar el caso y exaltar sus glorias.

“La irreparable muerte del distinguido escritor dominicano - reseñó el periódico La Nación - quien fue uno de los más apreciados colaboradores de este diario, enluta las letras nacionales” (sept. 1952).

Por su parte el diario La Información emitió también sus consideraciones al respecto, al opinar que :

“La muerte arrastra con Tomás Hernández Franco, a uno de los más caracterizados talentos del país; su inteligencia y su cultura rielaron paralelamente con sus magníficas condiciones de hombre bueno. En el periodismo dominicano, principalmente como redactor de La Información, su pluma tuvo aureolas proceras, sobre todo en la prosa combativa y mordaz. Era capaz de enrolar una sentencia en una frase corta. “En la oratoria dominicana - continúa diciendo La Información - tuvo la virtud de arrebatar muchedumbre, tanto por los conceptos como por la elocuencia de su peroración. Fue poeta, gran poeta, trilló luminosamente las reformas de la métrica y de la consonancia haciendo obra verdaderamente artística” (sept. 1, 1852).

En un artículo titulado “Tomás Hernández Franco: Positivo valor nacional”, publicado en las mismas páginas del rotativo santigués, el escrito Máximo Lovatón Pittaluga nos presenta lo que entendemos como el mejor retrato intelectual del autor de Yelidá:

“Era Tomás Hernández Franco, el dominicano que traspasó triunfal las fronteras literarias, la más genuina expresión del talento en los trópicos de Hispanoamérica. Es el cuentista que deleita, el orador tonante en la barricada política, festivo en la charla del culto salón, de austera expresión, de seriedad en el Ateneo, la más ática y fácil de las plumas que militaron en el periodismo dominicano por espacio de más de 25 años y el mismo que nos sorprende y provoca desconcertante admiración con YELIDA, su maravilloso poema en versos, gloria verdadera de las letras nacionales, escasamente conocido en este nuestro medio a donde impera el sórdido materialismo, injusto a veces con nuestros positivos valores. Yelidá sólo consagra el nombre de Hernández Franco entre los grandes poetas de América" (La Información, sept. 3, 1952).

En junio de 1952 compuso en Tamboril “En esta alta cuesta de la noche”, su último poema, en el cual parece presentir y anunciar la muerte que tres meses después lo sorprendería en su lecho de enfermo del Hospital Salvador B. Gautier, la noche del 1 de septiembre de 1952.

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5 de Septiembre, 2009